Las vacaciones son una época ideal para desintoxicar nuestro organismo de los azúcares y grasas acumulados durante el año. Una dieta ligera y rica en agua y una correcta higiene alimentaria nos evitarán problemas digestivos. El verano trae consigo un esperado cambio de rutina que no siempre sienta bien a nuestro sistema digestivo. Éste funciona con gran precisión y suele tener recursos para reequilibrarse, pero también es delicado, por lo que refleja enseguida los desajustes provocados por los cambios o los excesos.
Los niños, los ancianos y también las mujeres embarazadas son los colectivos más expuestos a desórdenes estomacales o intestinales.
Época de cambios
El esperado verano trae consigo algunas variaciones que pueden tener consecuencias:
Calor. El ascenso de la temperatura afecta a nuestro sistema digestivo y ayuda a la proliferación de bacterias en los alimentos.
Desorden en los horarios de comidas y abuso de algunos alimentos y bebidas.
Nervios ante un viaje. Muchas personas los somatizan con problemas intestinales o dolor de estómago.
El cambio de agua puede causar estreñimiento o diarreas a personas con estómago sensible.
Males comunes
Como siempre, la prevención resulta básica para minimizar las dolencias gástricas.
Digestiones pesadas
Se cena más tarde y los horarios de las comidas no se mantienen estables. Nos dejamos llevar y nos permitimos más alimentos grasos, pesados o calóricos, asà como más alcohol. Además, el abuso de especias y condimentos ralentiza la digestión.
Lo adecuado es no comer mucha cantidad, descansar media hora y dar un pequeño paseo tras la cena. Si ya en general tenemos tendencia a las digestiones pesadas, debe a la mos ser aún más prudentes.
Acidez
El propio cuerpo equilibra los ácidos que produce y los que elimina, pero los cambios de dieta provocan un desajuste y fácilmente se sufre dolor de estómago y acidez, causada por reflujo gastroesofágico. Las personas con obesidad son especialmente propensas a la acidez. Se aconseja evitar cÃtricos, salsas de tomate, vinagres y mostazas.
Cortes de digestión
Se deben a un “shock” térmico, como el que se produce, por ejemplo, cuando existe un gran contraste entre el calor exterior y el frÃo del agua. Los neurotransmisores mandan esta señal de cambio brusco de temperatura al cerebro y éste envÃa más sangre a los músculos para paliare) frÃo. Esto deja el estómago con menos recursos para finalizar correctamente la digestión.
Los sÃntomas son náuseas y mareo, que puede llegara causar un peligroso colapso si se está en el agua. También es contraproducente realizar un esfuerzo fÃsico excesivo con el estómago lleno. En este caso, no hay contraste de temperatura, pero los músculos requieren sangre parafuncionar.
En la playa o la piscina hay que comer ligero y esperar una hora y media antes de meterse en el agua y hacerlo poco a poco, mojando primero las muñecas y la nuca.
Intoxicaciones
Las producen alimentos en mal estado -normalmente por no respetar la cadena de frÃo- y provocan vómitos, diarrea, fiebre y náuseas. Hay que evitar las natas, cremas y salsas caseras como la mayonesa, sobre todo en los bares.
Flatulencias
Unas personas son más propensas que otras a ellas. Se recomienda comer pausadamente, masticar bien y prescindir de refrescos con gas, alimentos con almidón (como la col) y chicles.
Estreñimiento
El cambio de hábitos, la comida rápida o saltarse comidas puede llevarnos al estreñimiento. Debemos beber mucha agua, movernos e incluir siempre fibra en nuestra dieta.
Gastroenteritis
En la mayor parte de los casos, se deben a intoxicaciones alimentarias, por lo que conviene extremar las precauciones.
Como comer en verano
La sensación de libertad del verano hace que nos saltemos demasiadas veces las buenas costumbres alimenticias. Abusamos de helados, refrescos y tapas, entre otras cosas, pero ¿qué necesita realmente nuestro cuerpo en verano?
Alimentos ricos en agua
La hidratación, básica en esta época del año, debe ser también interna. Conviene tomar alimentos como las frutas y los vegetales, preferentemente de temporada, como melón, sandÃa, calabacÃn, pimientos, etc.
Liquidos
Es ideal tomarlos entre comidas, para saciar e hidratar y no excesivamente frÃos para que no haya un cambio brusco de temperatura. El agua es básica y también podemos recurrir a zumos, batidos e infusiones, siempre vigilando la carga calórica.
No saltarse comidas
Pese a la inapetencia que el calor provoca en muchas personas, no es bueno sal tarse comidas y concentrar casi todo el aporte de nutrientes en una sola ingesta. Los niveles de glucosa no se mantienen estables y el estómago e intestino se resienten.
Si tenemos menos apetito, debemos comer menos, pero con regularidad y cuidando que siempre haya carbohidratos, proteÃnas y vegetales en nuestra dieta.
Alimentos ricos en fibra
Al estimular el tránsito intestinal, ayudan al intestino a funcionar y evitar problemas tan habituales en esta época del año como el estreñimiento.
Recuperar minerales
Al sudar, no eliminamos sólo agua, sino que también perdemos sales minerales (sobre todo, potasio y sodio) y vitaminas, que debemos reponer através de la alimentación. Son perfectas las ensaladas y las cremas o sopas frÃas.
Recuperar glucosa
Entre horas podemos recurrir, por ejemplo, a piezas de fruta o barritas de cereales.
Higiene alimentaria
Las bacterias se multiplican mucho más rápido en condiciones de calor. E1 50% de las intoxicaciones domésticas se podrÃan evitar con una mejor higiene alimentaria.
Comer los platos recién cocinados
Aunque el plato no contenga alimentos crudos, si lo dejamos varias horas a temperatura ambiente, el número de bacterias empieza a aumentar. Hay que meterlo en la nevera, donde se conservará 3 dÃas en buenas condiciones. En el caso de ensaladasfrescas con alimentos troceados, hay que comerlas cuanto
antes, pues los microorganismos se duplican cada 15 minutos. Carnes y pescados también son muy sensibles.
Limpieza constante
La cocina es el lugar de la casa en el que hay más microbios. Hay que limpiarla y desinfectarla frecuentemente, renovando paños y bayetas.
Lavarse las manos a menudo
Es el mejor modo de evitar contaminaciones cruzadas (como la que se produce de las manos a los alimentos, por ejemplo).
Desinfectar periodicamente la nevera
Para ello es conveniente limpiarla con frecuencia y guardar los alimentos bien cerrados en fiambreras, bolsas de congelación, etc.
Fuente: Revista Pronto
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